Lecturas desde un practicante zen de un practicante theravada (Ajahn Munindo)
Publicado: 13 Ago 2022 20:07
En estos momentos estoy leyendo un texto de Ajahn Munindo, titulado en su versión italiana traducida Servidor de la realidad, del que creo no existe hasta el momento traducción al castellano.
Para quienes no conozcas a Ajahn Munindo adjunto a continuación una reseña biográfica
Quisiera traer aquí la traducción de algunos fragmentos y las resonancias, las lecturas que hago de estos desde mi propia visión.
Dice Ajahn Munindo:
A veces tendemos a creer que la práctica nos llevará a un punto firme, definitivo, y que si eso no ha sucedido todavía es por la falta de determinación de nuestra práctica, pero que sin embargo "otros", dotados de más determinación y constancia que nosotros, lo habrían conseguido sobradamente. Sin embargo vemos aquí como, incluso un renunciante, dedicado a la práctica intensiva de la meditación cotidiana, a una vida de pobreza material en que su propio sustento depende de la mendicidad religiosa, que ha comprendido en profundidad y puesto en práctica la enseñanza, puede ser presa de ansiedades producidas por su propia mente.
El yo no exíste pero ello no impide en que sí insista. El trabajo a realizar es un trabajo de clarificación constante, de limpieza permanente de los obstáculos que crea nuestra mente o, dicho de otra forma, la trasformación de esos obstáculos en oportunidades nuevas que la realidad nos da para seguir recorriendo la Vía del Buddha.
En los textos budistas, y en la imaginería popular al respecto, se habla de una meta del budismo, pero la verdadera meta del camino propuesto por el budismo es el camino mismo. La meta lo que señala es la dirección hacia la que orientar nuestros pasos, no un "lugar" que alcanzar, después del cual ya no quedaría nada más por hacer. Esta fue la tentación que Mara realizo al Buddha y a la cual Brahma le invito a no ceder, después de lo cual Buddha dejo el árbol de la bodhi y se dedico a ofrecer su enseñanza hasta el momento de su muerte.
Leemos en A.M., inmediatamente a continuación
A veces se tiende a plantear (y desde ambos "campos" de juego) la vía theravada como una vida centrada en la propia salvación frente a la vía mahayana como una vía centrada en la salvación de los demás. Es una gran confusión. A.M. resuelve sus dudas cuando se da cuenta de que el camino no es seguir las propias referencias sino hacer caso obedientemente a aquello que le pide la realidad. Este capítulo se llama "Servir al Buddha", y comienza con la citación del triple refugio, pero ni buddha ni dharma son otra cosa que palabras muertas hasta que no se encarnan en la existencia real de personas concretas que las doten de vida, la samgha.
Despertarse no es seguir las propias preferencias, sino servir, no obstaculizar la realidad que aparece ante nosotros, contribuyendo a que se exprese, también, de la mejor manera posible a través de nosotros. Es en esa realidad que somos, que nos contiene, a la que contenemos, de lo que hemos de fiarnos no de "nuestras predilecciones y repulsiones". Entonces "la vida fluye sin obstáculos".
Para quienes no conozcas a Ajahn Munindo adjunto a continuación una reseña biográfica
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Dice Ajahn Munindo:
Estas palabras las dice Ajahn Munindo (en adelante A.M.) en referencia al momento en que fue propuesto para ocupar el cargo de abad del monasterio de Harnham y cuenta previamente cómo aquella perspectiva había llenado de repente de preocupaciones y fantasías su propia meditación.Mientras que no estamos despiertos, corremos el riesgo de tomarnos demasiado en serio. El hábito de seguir nuestras predilecciones y repulsiones posee una inercia que, incluso después de algunas comprensiones profundas iniciales, no necesariamente desaparece.
A veces tendemos a creer que la práctica nos llevará a un punto firme, definitivo, y que si eso no ha sucedido todavía es por la falta de determinación de nuestra práctica, pero que sin embargo "otros", dotados de más determinación y constancia que nosotros, lo habrían conseguido sobradamente. Sin embargo vemos aquí como, incluso un renunciante, dedicado a la práctica intensiva de la meditación cotidiana, a una vida de pobreza material en que su propio sustento depende de la mendicidad religiosa, que ha comprendido en profundidad y puesto en práctica la enseñanza, puede ser presa de ansiedades producidas por su propia mente.
El yo no exíste pero ello no impide en que sí insista. El trabajo a realizar es un trabajo de clarificación constante, de limpieza permanente de los obstáculos que crea nuestra mente o, dicho de otra forma, la trasformación de esos obstáculos en oportunidades nuevas que la realidad nos da para seguir recorriendo la Vía del Buddha.
En los textos budistas, y en la imaginería popular al respecto, se habla de una meta del budismo, pero la verdadera meta del camino propuesto por el budismo es el camino mismo. La meta lo que señala es la dirección hacia la que orientar nuestros pasos, no un "lugar" que alcanzar, después del cual ya no quedaría nada más por hacer. Esta fue la tentación que Mara realizo al Buddha y a la cual Brahma le invito a no ceder, después de lo cual Buddha dejo el árbol de la bodhi y se dedico a ofrecer su enseñanza hasta el momento de su muerte.
Leemos en A.M., inmediatamente a continuación
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Pero, cuando recuerdo que estoy aquí para servir este lugar espiritual y que mi tarea no es hacer aquello que se adecue a mis preferencias, la vida fluye sin obstáculos y es probable que mi presencia contribuya más a la concordia que a la confusiónDespertarse no es seguir las propias preferencias, sino servir, no obstaculizar la realidad que aparece ante nosotros, contribuyendo a que se exprese, también, de la mejor manera posible a través de nosotros. Es en esa realidad que somos, que nos contiene, a la que contenemos, de lo que hemos de fiarnos no de "nuestras predilecciones y repulsiones". Entonces "la vida fluye sin obstáculos".