Llegamos pues a los Upanisad. Datados por Radhakrisnan entre el 800 y el 600 a.C. Como podemos leer, por ej., en la wiki
Los Upanishad se basan probablemente en las experiencias místicas de personas que, cansadas de la religión oficial, se retiraron a los bosques para vivir como ascetas o ermitaños, pensaron por su cuenta y luego difundieron sus ideas. Los autores de estos libros se reunían para escuchar la palabra de algún maestro espiritual y conversar sobre la divinidad.
Remarcar aquí que por "divinidad" se está refiriendo a Brahman, una "divinidad" completamente distinta al Dios abrahamico, ya que se trata de un principio universal impersonal. No es un "alguien" ni tiene atributos, sin embargo contiene todo lo creado.
Sobre los Upanisad y la creación, o síntesis, de la concepción completa del renacimiento nos dice Sarvepalli Radhakrishnan:
La idea predominante que surge de las Upanisad es la del renacimiento. La más antigua forma de esta idea se encunetra en el Śatapatha Brahmana [probablemente uno del Brahmana más “modernos”, redactado probablemente a mediado de la mitad del primer milenio a.C], en el que la teoría del renacimiento tras la muerte varias veces es unida a la de la retribución. […] En el Brahmana se presuponen nacimientos y muertes solo en el mundo futuro [cielo e infierno], mientras que en las Upanisad tal credo es trasformado en la doctrina del renacimiento en este mundo. No podemos decir que las dos concepciones hayan sido conciliadas, sin embargo a veces las encontramos juntas. Las buenas y las malas acciones comportan una recompensa doble: una vez en el otro mundo y una segunda vez renaciendo sobre la tierra. El alma, tras la cremación del cuerpo, cuando ha cumplido su viaje por las regiones celestes en forma radiante, retorna inmediatamente a través de las tres regiones a una nueva existencia. [según los Upanisad, también los dioses estarían sujetos a la ley del karma, idea que encontraremos después retomada por el Budismo] […] Los fragmentos más antiguos que contienen tal creencia se encuentra en la Chandogya [uno de los Upanisad más antiguos, según algunos estudiosos dataría del IX-VIII a.C.] y en la Brhadaranyaka [Upanisad compuesto por 150 textos escritos entre el s. VIII y el II a.C.].
En los Upanisad está claramente enunciado que la forma más elevada de inmortalidad es la identidad con Brahman [divinidad más alta del hinduísmo. Sus caracteristicas son completamente distintas al Dios de las religiones abrhamicas, en la que Dios es “persona”,, pues se trata de una divinidad impersonal, representa la Realidad superior, lo Absoluto, es la causa material, eficiente y final de todo aquello que existe. Verdad eterna, infinita y asexual que no cambia y que es, sin embargo, la causa de todo cambio]. Cuando los dioses representaban la realidad suprema, la libertad concistía en la unidad con ellos. Ahora es el Brahman el principio primero de todas las cosas y el fundamento último del mundo y por tanto la vida eterna consiste en la unión con el Brahmana. Cuando no alcanzamos plenamente nuestra libertad suprema, estamos constreñidos en la esfera del tiempo y presionados a ir de un estado de existencia a otro. El alma no-liberada está sujeta a la ley de nacimiento y de la muerte, y debe madurar su destino por medio de las existencias terrenas. Mientras que la verdadera inmortalidad espera a aquel que está liberado, el sobrevivir en el tiempo espera a aquel que está vinculado, Escuchemos la plegaria: «Pueda yo no retornar nunca a la blanca, destentada, devoradora morada». (Chandogya Upanisad; VIII, 14, 1). El tipo de nacimiento depende de la acción realizada. Es denominado cielo cuando el individuo sube a una vida superior, e infierno cuando se precipita en una inferior. L existencia en el samsara no es la real del alma. Hemos de soportar la esclavitud al samsara mientras que en nosotros permanezcan enraizados los elementos finitos. Con lo finito no podemos nunca alcanzar lo Absouto, por muy cerca que podamos estar. El progreso es un crecimiento incesante o un perpetuo aproximarse. Cuando el elemento finito es completamente abandonado, es realizada la unión con Dios, y no existe retorno al samsara, sirviendo este último para regular el espíritu.
El mundo de la naturaleza nos revela de qué modo todas las cosas son impermanentes e irreales. En estas se repiten la muerte y el renacimiento de todas las cosas. «Como el trigo se consume lo mortal, como el grano el nace de nuevo».[…]
Entre una vida y otra existe una identidad persistente, incluso si nuestra conciencia puede no mostrarla. Ello no representa un gran problema, dado que partes considerables de la vida humana tienden a veces a ser olvidadas. La teoría está más interesada en la cosevación de los valores que en la continuidad de la conciencia. Dado que el Brahman, el alma universal, no está sujeta a esclavitud, se dice que es aquello que el hombre hace, o su karma, aquello que persiste nacimiento en nacimiento. «¿Sobrevive el alma a la muerte corpórea? ¿Oh Yajñavalkya, si tras la muerte su espíritu va al fuego, su respiración al viento, la visata al sol, la mente a la luna, el oido a las direcciones del espacio, el cuerpo a la tierra, el sí mismo al eter, los pelos a las plantas, el cabello a los árboles, la sangre y el semen al agua: qué sucede entonces con el hombre?», pregunta Artabhaga a Yajñavalkya. Ellos llegan a la conclusión de que «ciertamente se convierte en virtuoso por medio de las buenas acciones, malvado pos las malas». La realidad de la vida es la personalidad, no el cuerpo o la mente, porque sobrevive a la disgregación de la muerte. Los Upanisad sostienen que mientras que el karma cambia, el sí mismo universal subsiste. Si, con algunos budistas, rechazamos Brahman como inutil, deberemos decir que solo el karma persiste.
En la enseñanza de Yajñavalkya, que termina con el cuuarto libro de la Brhadaranyaka Upanisad, no son citados animales, incluso si en algunnos fragmentos posteriores de la misma Upanisad, como también en la Chandogya, Kausitaki, etc., se hace referencia a la migración en cuerpos animales. […] Esta posición, que tiene también un gran valor práctico, fue una de las ideas básicas de las Upanisad sobre la santidad de la vida en todas las cosas, sobre la igualda original en la flor, en el insecto, en el animal y en el hombre. La ternura mostrada hacia hacia los animales en los asrama de los bosques favoreció esta doctrina, Al hombre orgullos se le pedía desemabrazarse de su presunción y de su exclusividad y admitir que el escarabajo era su hermano.[…]
La teoría del renacimiento no es ciertamente menos lógica de cualquier otra hipótesis, y es ciertamente más satisfactoria que las teorías del la aniquilación total o del castigo eterno. Esta explica el aparente desorden moral y el caos del sufrimiento. La injusta distribución del dolor parece contradecir la racionalidad del universo. Igual que las desigualdades del mundo empírico son un desafío a la fe lógica, así el desorden moral es un desafío a la fe en la bondad del principio operativo. Si nuestra fe es racional no puede existir ninguna confusión intelectual o moral. Si el caos moral constituyese el fundamento de la realidad, se seguiría la parálisis moral. […]
Hemos visto como [la ley del renacimiento] surge de forma natural del conjunto del pensamiento del que los filósofos de las Upanisad estaban rodeados. [las ideas sobre el después de la muerte y sobre la retribución de los actos del Rig-Veda y de los Brahmana] […] Disponiendo de estas ideas, los Upanisad debieron simplemente completarlas con la doctrina del samsara.
Tenemos pues ya todos los elementos de base con los que se encontraría el Buddha; que no estaban allí desde siempre, sino que son concepciones que fueron desarrollandose en la India a lo largo de muchos siglos, hasta madurar alrededor del siglo VIII-VII a.C., es decir:
- La concepción del
karma (como acción y retribución de la acción)
- La idea de
samsara, (como ciclo de nacimientos y muertes)
- La idea de sufrimiento,
duhkha, y de insatisfacción (entendida como "no liberación del samsara")
- La concepción de irrealidad e impermanencia,
anitya, de todas las cosas.
- La teoría, por fin, de "renacimiento", así como del "final" del renacimiento, entendida como liberación definitiva del samsara por medio de la renuncia al deseo de las cosas "finitas".
